jueves, 25 de mayo de 2017

¿Otro dejavú? Analfabetos modernos (1998)

Columna de opinión del suplemento Informática de Clarín del 4/11/98

Analfabetos modernos
Por Carlos Tomassino

No hay duda de que en los últimos años la informática se convirtió en una disciplina invasiva de todas las actividades y profesiones modernas. Su crecimiento fue tal que se la considera un emergente de la época, más aún con su reciente interacción con las telecomunicaciones. La tecnología en general tuvo en estos años un avance revolucionario.

Pero este avance no se parece en absoluto al que la educación tecnológica realizó en ese mismo período. Por eso, sólo la educación y el reciclaje de conocimientos en forma continua podrán salvar la brecha que se produce entre ambos avances. Por la lenta capacitación de los docentes y su posterior traspaso a los alumnos, la educación tecnológica tiene sus propios tiempos. Y al parecer, no puede competir con la rapidez del cambio tecnológico, acrecentando cada vez más nuestras diferencias con el primer mundo. 

Ambos avances (el revolucionario y el evolucionario) conforman una brecha que se profundiza en el tiempo: a medida que corre la década, esta brecha se agranda y los tecnólogos creen que, lamentablemente, en los inicios del próximo siglo estaremos en una situación mucho peor que la actual. 

Vale la pena considerar otro dato. Esa brecha tecnológica que hoy se produce es difícil de asimilar aun para aquellos países del Norte, los que por su proximidad con los orígenes de estas disciplinas parecieran estar en mejores condiciones de sortear el obstáculo. Tanto ellos como nosotros enfrentamos algunos problemas similares. Muchas veces, de nada sirve aprender un determinado lenguaje o saber cierta técnica, ya que ambos envejecen aun antes de conocerse masivamente y aplicarse. 

Los que vemos el problema desde la tecnología pero también somos docentes, nos encontramos ante una disyuntiva: ¿Qué es preferible, superar rápidamente la brecha o hacerlo lentamente? Sabemos que los tecnólogos optan por el avance rápido. Piensan que si la brecha no se supera rápidamente, aumenta el conflicto. También critican a los políticos y a los docentes por no tener una actitud mental de cambio acorde con los nuevos tiempos.

Por su parte, la mayoría de los docentes prefieren superar la brecha de a poco. Creen que determinadas problemáticas, como la de la educación tecnológica, requieren de un avance paso a paso. Dicen que su asimilación necesita de actitudes distintas y que no cuentan con el equipamiento adecuado. Además, los docentes de disciplinas no tecnológicas viven amparados por políticas que hacen mucho más lenta aún su propia capacitación y, por ende, su accionar educativo. Hasta que este problema sea resuelto -algo que quizás no ocurra hasta la próxima generación de docentes-, es evidente que el alumno tecnológico debe tener una actitud de cambio: en estos tiempos ya no es posible ignorar que la tecnología invade todos los campos del saber. Tampoco es posible que un profesional que no haya tenido la suerte de haber manejado -aunque fuese primitivamente- alguna tecnología se desentienda de su conocimiento. Aquí comienza un nuevo rol del profesional, en un escenario distinto: este rol obliga a un esfuerzo por adecuarse a las nuevas necesidades. Pero quizás ese profesional no detecte que estamos en un momento de transición. 

En algunos años se señalará a esta década como la del cambio de una era. Se dirá que la caída del Muro de Berlín, a fines de la década anterior, inició el concepto de globalización. Y también se dirá que la tecnología, entendiendo por ésta los prodigiosos avances en la informática y las telecomunicaciones, apresuró esa idea. Tanto que quienes vivieron esta época -nuestra época- se encontraron ante la alternativa de sobrellevarla y prevalecer o convertirse en analfabetos tecnológicos. Seguramente, quienes avanzaron exitosamente en su profesión no serán tocados por este analfabetismo moderno, conformado también por el desconocimiento del idioma inglés. Pero no por ello deben descuidar esta circunstancia. Hay una realidad que los obliga a permanecer en estado constante de educación y actualización continua, aprendiendo a manejar las nuevas herramientas con habilidad y aplomo. Actores que somos de esta nueva época, debemos aprender a vivir en situación de cambio permanente. Y como tales, debemos someternos al reciclaje periódico de conocimientos, porque es la única manera de sobrevivir a los tiempos que vendrán.

Carlos Tomassino es decano de la Facultad de Tecnología Informática en la Universidad de Belgrano.

Fuente: Clarín. (1998). Analfabetos modernos. Recuperado de http://edant.clarin.com/suplementos/informatica/1998/11/04/opinion.htm

A manera de cierre, mi reflexión es que lamentablemente cambian los nombres, las frases y los mitos, en aquella época fueron "brecha tecnológica", "capacitación a los docentes de disciplinas no tecnológicas", "alumno tecnológico", "no contar con el equipamiento adecuado". Y con el tiempo "los especialistas en educación" las transformaron en "nativos vs inmigrantes digitales", "capacitación en TIC y educación", "formación en educación digital", "nativos digitales" y por supuesto "no contar con el equipamiento adecuado". La última parece que se mantiene inalterable en cualquier momento histórico.

Pero lo que no cambia, es que actualmente los alumnos siguen sin poder aprender en la escuela lo que no nacieron sabiendo y
que #ConEducaciónDigitalNoAlcanza.
 
Es por eso que los docentes de informática que integramos la //ADICRA, tenemos claro que es imprescindible la creación de espacios curriculares para #LaInformáticaComoMateria.

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Gustavo